Crónica | ¿El golf se ha convertido en un deporte físico?

En el top 10 mundial sólo el italiano Francesco Molinari y el español Jon Rahm le dan menos importancia al aspecto físico. El resto (Justin Thomas, Justin Rose, Rickie Fowler, Jordan Spieth...) no tiene ni un gramo de grasa visible.

Hasta hace una década, todos los físicos cohabitaban en la flor y nata del golf mundial: pequeños, grandes, flacos, musculosos… Una heterogeneidad que mostraba la especificidad de este deporte, pero actualmente los tipos fuertes se han adueñado del Top 10 mundial, cambiando las reglas de este juego.

Sólo hace falta echar un vistazo a la clasificación mundial para darse cuenta de que entre los 10 primeros sólo el italiano Francesco Molinari y el español Jon Rahm le dan menos importancia al aspecto físico. El resto (Justin Thomas, Justin Rose, Rickie Fowler, Jordan Spieth…) no tiene ni un gramo de grasa visible, signo de una preparación minuciosa.

Dos de los mejores jugadores del mundo en este momento, Dustin Johnson y Brooklin Koepka, son adeptos de los gimnasios y su físico no tiene nada que envidiar al de los jugadores de fútbol americano: grandes, potentes, forman parte de esa élite del golf capaz de enviar la bola a 350 yardas con el ‘drive’. Una distancia que alcanzan muy pocos profesionales.

“La tendencia actual en el golf es que los profesionales se preparan cada vez más como atletas, con una preparación física importante… Mira la metamorfosis de (Rory) McIlroy por ejemplo”, explica Christophe Muniesa, director técnico nacional de la Federación Francesa de Golf. “Eso le ha dado una gran ventaja con el ‘drive'”.

El jugador norirlandés llegó en 2007 al circuito con 18 años y algunos michelines de juventud, pero la necesidad por poder luchar con el ‘drive’ con los mejores le ha llevado a rediseñar su cuerpo. Once años más tarde, tiene uno de los físicos más completos del circuito.

El pionero Woods

El origen de esta evolución se encuentra en Tiger Woods. “Fue el primero en innovar, con un trabajo específico y musculación. Se puede establecer una relación entre el aumento de la distancia del ‘drive’ en el circuito y la llegada de Woods”, dice Muniesa.

El golfista estadounidense fue efectivamente un pionero en esta materia. En 1996, en su primer año en el circuito, su físico estaba poco desarrollado, pero su gusto por la preparación, en una época en la que aún pocos golfistas prestaban importancia a este apartado, le cambió completamente.

Su potencia con el ‘drive’, lejos de ser su mejor golpe, le dio una gran ventaja sobre sus rivales e impulsó la llegada años más tarde de los tipos muy musculados al circuito, lejos de la diversidad que había dado encanto a este deporte.

“Mira a un jugador como Ángel Cabrera. Representa la dimensión artística de este deporte. Pese a todos, hay que imponer la creatividad al más alto nivel. Es también la gran fuerza de Woods. Logró golpes improbables salidos de la nada”, explica Muniesa.

Hace once años, el argentino Cabrera, menos cuidadoso de su físico, ganó el US Open (2007). Impresionante con los palos cortos, el cordobés logró imponerse a la primera generación de ascetas, ganando también el Masters dos años más tarde. Pero desde hace 10 años…

Dimensión inquietante

“Hemos entrado en una dimensión que puede ser un poco inquietante”, estima Jean Van de Velde. “En los años 1990, tipos como Ian Woosnam, por ejemplo, también eran atletas, tipos fuertes”, dice uno de los tres golfistas franceses en haber disputado una Ryder Cup. Jugar 78 hoyos en cuatro días casi cada fin se semana, más los entrenamientos, no está al alcance de cualquier aficionado.

“Pero siempre habrá un Luke Donald”, vaticina Van de Velde sobre el golfista inglés, de solo 1,75 m de altura, con un ‘drive’ de aficionado, pero con un juego corto quirúrgico y que fue capaz de permanecer varias semanas en el número 1 del ránking en 2011.

Queda también el lado mental del golf, que puede arruinar cualquier físico. “No hay que menospreciar el aspecto mental en este deporte, que es primordial”, recuerda el francés Mike Lorenzo-Vera.